sábado, 3 de septiembre de 2011

COMENSALES III

Jamás almorcé, cené o bebí con Sebastián.

Me había tomado seis meses decidir visitar a Sebastián. Cierto pudor no me permitió hacerlo antes. Debía estar mejor, recuperada, y entonces salir de la madriguera. Pero no ocurría cambio alguno, y el tiempo pasaba. Tenía un libro y un CD que debía devolver y además, Sebastián me había mandado un mail que por supuesto no había podido contestar.
Salí del auto decidida. Creo que alisé mi aspecto con las manos, confiando en poder disimular mis roturas internas con el desaliño general de la ciudad.
Sebastián se alegró al verme. Su negocio pequeño se llenó de gente. Debió ser un viernes o sábado por la noche.
No sé cómo, en un instante Sebastián se encontró en el centro de la tienda, parado, quieto. Yo al lado, quieta también, escuchándolo. El resto de las personas desenfocadas moviéndose alrededor nuestro, aceleradamente. No sé cómo Sebastián empezó a contarme sobre sus ataques de pánico, del ribotil, de los dos perros que invaden su cocina, de él como San Sebastián, el de la torre y allí la imagen arquetípica destelló en mi mente y quedé en blanco. Desconcertada de tanta intimidad revelada y todavía cegada por la imagen del santo, mezclada un poco con la de San Jorge y el dragón, balbuceé alguna frase estúpida. Nunca antes habíamos compartido confidencias tan personales, solo el rico mundo de las ideas de las imágenes en movimiento.
No sé cómo se rompió el círculo en donde estábamos. Seguramente Sebastián tuvo que recomendar alguna película o dar alguna sinopsis o poner las cajitas en las bolsas blancas que yo siempre me niego a llevar. Me anotó un nombre y un teléfono en mi agenda, engrosando así la lista de psicólogos que voy juntando en la vida para cuando decida tener uno. Y me fui. Bañándome antes en los ojos claros y transparentes de Sebastián.
Caminé hacia el auto, me imagino que con pasos cortitos y rápidos, pensando que la vida es rara. Sentía la cara caliente. Estaba aturdida. Tenía que volver pronto a la madriguera. También estaba contenta.

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