sábado, 15 de agosto de 2009

Me interesan las expresiones artísticas que provienen del cine, más que las del video arte, donde se ha instalado demasiada solemnidad. Me interesa la capacidad del cine de experimentar con el tiempo. Por eso ayer, viajé a Buenos Aires, al CC MOCA. Para ver el Cine Expandido de C. Caldini, que a través de la exploración de la percepción espacial y temporal, (“nueva” para el cerebro), logra un decir poético y por ende una experiencia espiritual para el espectador-participante. Su lenguaje tiene un alto poder disolutivo en cuanto cuestiona una única vivencia del mundo y del tiempo. Dos de las cinco proyecciones me resultaron dolorosas. No tengo muy en claro qué movieron en mí, pero recuerdo que pensé otra vez en la muerte, en la muerte de un mundo: algo se deja atrás, una manera de saber, de percibir, de estar con ese mundo para entrar en otro, donde todo con gran plenitud es inasible, destello, eco, fantasma. Una concepción contemplativa netamente oriental, enunciada expresamente por Caldini al leer un poema chino antes de la última proyección. En ésta todo esto es bellamente expresado, y a través del cine, cuya alma es esencialmente fantasmagórica.

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