sábado, 25 de julio de 2009


Almendro. Idea disparadora del proyecto Carozos. Año 2006
…no recuerdo lo que hice ayer, ni el lunes anterior. Ya nada de eso me pertenece. Me pierdo en el tiempo que corre, que devora la experiencia y la vacía.
Medir la vida de otra manera. ¿Con el tiempo de una piedra, de la hierba que se mece, de la luz que recorre y calienta una pared, del pétalo que cae infinitamente y en un instante?
Instalado a setenta centímetros de la puerta de mi taller, el almendro me asegura que volverán las yemas, las flores, los frutos, la caída de las hojas, el invierno… así, una y otra vez, me inscribe en un tiempo arcaico, mítico, que no deja lugar a la angustia; por el contrario, me recuerda el ritmo real de la vida y mi pertenencia a él, a ella, más allá de las circunstancias.

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